Depresión
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   Situación anímica de cansancio, tristeza, decepción y debilitación de las ener­gías morales y psíquicas de la persona. Afecta a las estructuras psicosomáticas a incluso a las dimensiones espirituales.
   La depresión puede ser normal y transitoria, como multitud de otros episodios que acontecen en la vida anímica de los individuos; y puede ser patológica y arraigada en la personalidad entera, de modo que condiciona la conducta, escapando a todo control de la voluntad propia.
   Con frecuencia está condicionada por determinados factores somáticos de quien la sufre (propensiones negativas, debilidad nerviosa, carencias hormónicas (adrenalina) o bioquímicas (Litio, Sodio), afecciones externas y contaminaciones involuntarias.
   Si los condicionamientos son normales y la personalidad es fuerte, se puede superar con recursos internos o externos normales. Acontece esto en las formas benévolas o transitorias (tristezas, frustraciones, fatigas), en las que se puede mejorar la situación por el consejo amigo, por la reflexión pro­pia, por la renovación de vida.
   En las manifestaciones más severas suele ser prudente la intervención oportuna de experto. Se deben prevenir esas situaciones graves en las que el sujeto de la afección depresiva, como acontece en las enfermedades orgánicas, no es dueño de su terapia ni consciente de su situación, aunque sí de sus efectos. Requiere entonces la labor clínica del terapeuta (psiquiatra, neurólogo, endocrinólogo)
   Es difícil para el educador valorar la situación de cada persona, por la sigula­ri­dad de cada uno y las mismas reacciones diferentes ante estímulos similares.

Por otra parte, es bueno recordar que en las depresiones pueden entrar en juego aspec­tos éticos y religiosos que requieren un trato especial: miedos y escrúpulos de origen religioso (salvación, condenación, complejos de culpabilidad) o estados de graves conse­cuencias éticas (tendencias suicidas, pro­pensiones violentas, obsesiones sexuales