Ficción
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   Estado de simulación o apariencia que se suscita de forma directa o disimulada  para que parezca real una situación o una relación que interesa que los demás consideren como auténtica.
   El fingir es siempre un disimulo y un engaño. Por eso la ficción cae bajo las leyes éticas de la verdad. Sólo cuando un motivo o intención justa exige un disi­mulo se puede aceptar la ficción como conveniente, lícita y en ocasiones obliga­da. También es normal cuando refleja un uso social (carnavales, fiestas, diversio­nes) o literario (cuentos, fábulas, novelas, dramas). Entonces la simulación es un lenguaje que todos entienden, no un engaño que todos rechazan.
   Por eso las ficciones tienen que ser muy discernidas por quienes las em­plean como lenguaje o como forma de relación con los demás.