Luces
     [471]

 
   
 

 
    
   Son todos los destellos que iluminan un lugar o una reunión de personas. Ha sido esencial para la vida vegetal, animal y también humana.
   Por eso la luz y las luces se hallan litúrgicamente  vinculadas al mensaje cristiano, como lo estuvieron a casi todas las creencias religiosas. En la religión cristiana las luces han tenido un significa­do importante en las celebraciones sacramentales desde los primeros tiempos.
   En el Nuevo Testamento el término luz ("fos") aparece 71 veces; dar luz, iluminar ("faino") otras 31; y términos derivados o compuesto con esa raíz otras 28. Y además, sinónimos o análogos como lámpara brilladora ("lampas") hay 30, como  candelabro (("lyjno") hay 26 y luminosidad o brillo ("augadso") 6 y resplandor ("fengos") otras 3. Es decir se acercan a dos centenares las veces que se habla de la luz
   No es extraño que la liturgia cristiana esté asociada a la luz: que en las eucaristías y en las celebraciones sacramentales se enciendas velas, lámparas y candelas; que ante el sagrario que conserva las especies eucarísticas deba brillar una lámpara permanente (canon 940), que en las procesiones se lleven antorchas; que a Cristo se le pre­sente en la liturgia pascual como un blanco cirio de pura cera virgen; y que hasta a los di­funtos, "que ya se hallan en la oscuridad del sepulcro", se les enciendan velas con resplandores de esperanza eterna.
   En consecuencia, es conveniente edu­car a los cristianos en el sentido y en el valor de esos signos luminosos, los cuales va a encontrar a lo largo de la vida. La Iglesia usó desde el principio de su existencia velas y cirios, candelas y fuegos pascuales, lámparas y cuanto suponía recordar que Dios y su enviado están asociados a la luz, así como el mal y del demonio se vinculan a las tinieblas. Abandonó el recuerdo del candelabro de los siete brazos del templo (el "menorah") y multiplicó sus luminarias como signo de su misión de iluminar al mundo, según dejo claro Jesús: "Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no anda en tinieblas." (Jn. 8.12) y mando con clari­dad a sus seguidores: "Vosotros sois la luz del mundo" (Mt. 5.14). Y "que vuestra luz resplandezca ante los hombres". (Mt 5.16 y 1 Pedr. 2.12)