Naipes
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    Cartas, barajas, cartones o cartulinas, que sirven para jugar mediante la hábil combinación de operaciones, individuales o compartidas, que acumulan valores, puntos o méritos, siempre en función de la suerte en que se tiene en el reparto de los mismos y en la habilidad y audacia de preparar las jugadas.
    Los naipes, cuyo nombre se remota probablemente a la Francia de Calos VI, son conocidos en el siglo XV y muy difundidos desde el siglo XVI en todas las acumulaciones populares (soldados, campesinos en fiestas, marineros, pillos y pueblo en general). Las formas y con­tenidos han sido numerosos. El tradicional latino se compone de cuatro series de diez o doce cartas con figuras de copas, espadas, oros y bastos.
   Pero los diversos países europeos y americanos multiplicaron sus originalida­des, así como las normas de juego. El común de todos los naipes es la facilidad para manejarlos, la influencia apasionada de la suerte, la sintonía que implica el juego de dinero y la gran in­fluencia que supone las habilidades que se desarrollan intuyendo, sospechando, sorprendiendo, acogiendo signos convencionales, posibilitando los engaños (trampas) o connivencias de los espectadores.
   El problema moral de los naipes no está en el entretenimiento que proporcio­nan o en las habilidades que desarrollan sino en el fomento de la mentira, en el cultivo de la astucia, en la dependencia psicológica que generan y en la facilidad con que se juega valores o dinero que fácilmente se pierde contra los deberes de la propia conciencia. Si a ello se añade la fácil concomitancia de bebidas o de estímulos psicológicos, junto al amor propio, es fácil entenderlo como un ries­go ético por la dependencia que genera el vicio de jugar y por los abusos de explotación a que se presta un medio tan fácil y asequible para que la ingenuidad del más débil consuma sus bienes en las manos tramposas de la ingeniosidad del más astuto.
    En los tiempos actuales, en los ámbitos juveniles, sólo supera al vicio del juego por medio de naipes, el afán apasionado y ludópata de los ingenios electrónicos (máquinas) que estrictamente se promo­ciona por los mismos dinamismos del azar, de la habilidad y  competitividad.