Papiro
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        Planta alta, de la familia ciperácea (cyperus papyrus), con cuyos tallos seccionados en tiras, entrecruzados, prensados, desecados y pulidos, se creaban superficies aptas para ser soporte, mediante escritura con tintes, de textos gráficos. Al darse esta planta en abundancia en las tierras pantanosas de Egipto y del Mediterráneo oriental, se originó en la zona, desde el primer milenio anterior a Cristo, una producción grande y comercio hábil de estos instrumentos aptos para la escritura. Este comercio se intensificó en la época helenística.
    El inconveniente de estos papiros, a diferencia de las pieles curtidas en Pér­gamo (pergaminos), era su caducidad. Al ser sustancias vegetales, el tiempo las deterioraba, sobre todo en lugares cálidos y húmedos. Se producían más en número, por ser fáciles de preparar, y más baratos que los pergaminos. Pero difícilmente se conservaban, a no ser en lugares muy secos y aislados del aire y de la contaminación. Por eso la mayor parte de los llegados hasta nosotros provienen de zonas desérticas de Egipto, conservados en las arenas secas del desierto. Así aconteció con el hallazgo más portentoso, que fue en Benhesa (Oxirhynkhos), en Tina-el-Yebel (Hermópolis) y en Kom Ishkau (Afroditópolis), con sus 10.000 textos.
   De los papiros con contenido religioso, litúrgico o social, relacionados con la Biblia, los más significativos son los de Oxirhynkhos, en donde se halla la primera referencia conocida al texto de San Juan situado hacia comienzos del siglo II. En total los textos de referencia bíblica no pasan de 1.000 entre los fechados en los seis primeros siglos cristianos.
   Al traer los árabes la pasta de papel desde Oriente en el siglo X, los papiros dejaron de usarse y comercializarse.