Terapias
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    Recursos, técnicas y formas de curación de diversas tensiones, trastornos o desajustes, que se dan en la personalidad o en sus rasgos. Pueden ser preventivas y sanativas, se usan como curación o como reforzamiento. Y pueden usarse en forma personal e individual y entonces hablamos de psicoterapias o de forma compartida y hablamos de socioterapias.
   Las socioterapias aluden a formas curativas que emplean el grupo como elemento de referencias: trabajos de grupo o apoyos personales en otros miembros de una comunidad, desahogos compartidos reforzados por experiencias ajenas.

  Y se pueden usar también de forma individual y personal, según los modos de poner en juego sus poderes sanativos. Se pueden emplear con variedad de medios y de instrumentos, que se suelen expresar en el nombre mismo con que se designa cada una de ellas: musicoterapia (música), hipnoterapia (hipnosis), somnoterapia (sueño), hidroterapia (agua), ludoterapia (juego), ergoterapia (trabajo), logoterapia (palabra), pictoterapia (dibujo y pintura), etc.
   En el terreno de lo moral y de lo religioso, pueden darse determinadas alteraciones o desajustes: miedos, obsesiones, bloqueos, escrúpulos, supersticiones, fana­tismos.
   También se pueden emplear determinados procedimientos para ayudar a moderar esos trastornos. Tales son la confidencia y el desahogo (logoterapia), el descanso y la diversión (ludoterapia), la lectura o la escritura (lectoterapia o grafoterapia), etc.
   Las psicoterapias pueden usarse en niveles de técnico psiquiatras y de forma familiar. En el primer nivel, corresponde a especialistas clínicos. En Psiquiatría se se emplean muchas de esas terapias que suelen tener eficacia en combinación con otros recur­sos farmacológicos o sociodinámicos.
   Pero se pueden usar también en forma más práctica, sociológica o pedagógica. Entonces corresponde al educador entender algo y buscar las más convenientes en cada caso: músicas relajantes, diarios íntimos para encauzar la necesidad de desahogo, actividades lúdicas para fomentar la confianza, determinadas lecturas ilustrativas, etc.
   En ocasiones existen problemas psicorreligiosos que requieren terapias por parte del catequista, tanto a nivel de grupo como en el plano de cada persona. Los miedos religiosos latentes desde la infancia, las tendencias psicopatológicas que se generan por una piedad imprudente, los misticismos que conducen a identificar fenómenos paranormales con dones sobrenaturales, las iluminaciones, las visiones o las apariciones de seres sobrenaturales (Virgen María, Santos, el mismo Jesucristo) pueden a veces rozar la frontera de la psicopatía en personas propensas a fantasear con lo espiritual por su desbordante afectividad o por su imaginación exaltada y artificialmente estimulada.
   Es caso frecuente en determinados grupos pseudorreligiosos, no sólo sectarios y heterodoxos, sino también pretendidamente católicos (pentecostalistas, por ejemplo).
   En ese caso, las psicoterapias y las socioterapias pueden ser instrumentos de ayuda siempre que se empleen con prudencia, con experiencia y con conocimientos de causa. Al catequista corresponde, sobre todo cuando trata con adolescentes y jóvenes, usar las terapias que se hallen a su alcance, si posee suficiente experiencia de cómo tiene que actuar. En caso contrario debe encauzar los casos problemáticos hacia expertos que puedan ofrecer el apoyo.