Testamento
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        Es la expresión de la voluntad de una persona con respecto a lo que debe hacerse con aquello a lo que tiene derecho a disponer. El testamento tiene sentido de expresión profunda de la persona en los países civilizados y reclama un respeto. En todos los ambientes civilizados hay leyes que lo protegen, por lo que el testamento se con­vierte en derecho y deber para los que se siente afectados por sus decisiones y cláusulas.
    En el lenguaje bíblico se identifica Testamento y Alianza, por cuanto la traducción griega de los LXX recogió el término hebreo de alianza (berit) por "diazeke" (testamento). Y ese término griego reflejaba ya en el período helenístico la voluntad de un difunto con respecto a sus bienes o decisiones para después de su muerte. Incluso en este sentido se encuentra usada en el Nuevo Testamento: Gal. 3.15-17 y Hbr. 9.16.
   Por costumbre la idea de Alianza bíblica, entre Dios y su pueblo elegido, se tradujo en la Vulgata con el término latino "testamentum", equivalente al griego "diazeke". Esa voluntad sólo tendría valor actualizable con la muerte del testador, el Hijo de Dios encarnado en Jesús.
   Y se diferenció el Testamento antiguo, vivido en clave patriarcal y profética con las figuras máximas de Abraham y Moi­sés, y el nuevo Testamento, sellado en la sangre de Jesús Nuevo Testamento (1 Cor. 11.25; Lc. 22.20; 2 Cor. 3. 6-13). Y, siguiendo las comparaciones de San Pa­blo, se estableció un contraste entre Antiguo y Nuevo Testamento (2 Cor. 3. 14). Así se convirtió en la nomenclatura más usual en la Iglesia a lo largo de los siglos.