Belleza
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        Es la propiedad indefinible, mas no in­descriptible, de los seres que los vuelve apetecibles afectiva, moral, intelectual y espiritualmente.
    Casi todos los que han hablado de belleza son tributarios de Platón en las diversas ocasiones en que trató de describir la identidad de la belleza ("Hipias", "Fedro", "Filebo", sobre todo "El Banquete").
    Sto. Tomás la define como "lo que hace al ser contemplado agrada­ble a la vista". Y S. Alberto Magno la considera como "el resplandor de la forma".
    En castellano existen multitud de sinónimos de belleza: hermosura, lindeza, sublimidad, elegancia, guapura, lindeza, beldad, encanto, preciosidad, gracia, finura. Los adjetivos derivados de estos conceptos abstractos se aplican incesantemente a los objetos, personas o situaciones.
    El educador de la fe debe sentir especial atractivo por la belleza, al igual que debe entender lo rechazable que resulta la fealdad. En primer lugar, por lo importante espiritualmente que resulta la ayuda de la sensibilidad estética para acercarse al concepto de los espiritual.
    Pero también por la asociación natural que en la infancia se establece entre lo ético y lo esté­tico. No se trata de identificar en educación ambos conceptos, pero tampoco hay que separarlos del todo.
    Pedagógicamente la mutua vinculación resulta provechosa. Más adelante, al madurar la inteligencia de la persona, la sensibilidad estética y la ética se separarán en la conciencia. Se descubrirán cosas hermosísimas prohibidas por la Etica y se intuirá que acciones repugnantes a la naturaleza asociadas a subli­mes actos de amor y sacrificio.