Prematrimonial  experiencia
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     Se habla con frecuencia de la necesidad de un conocimiento previo al matrimonio entre los que a él se preparan. En ese contexto de una inteligente preparación para el compromiso profundo, gratificante y responsable que debe ser el matrimonio se plantea el interrogante de si es bueno llegar a una "sexualidad de ensayo" o a experiencias sexuales sin intención de fecundidad.
   La cultura superficial de muchos ambientes erotizados no entiende por "experiencia prematrimonial" otra cosa que el ejercicio de la sexualidad en forma ligera e irresponsable, sin capacidad para asumir que sean compatibles noviazgo y continencia.
   Sin embargo, el noviazgo auténtico exige algo más que impulso y satisfacción inmediata. Reclama etapas progresivas para ser considerado auténtico. El tiempo de prudente conocimiento y acercamiento es un deber, no sólo una forma posible. En el cumplimiento de ese deber no basta sólo la información tamizada por la afectividad, sino que se precisan datos en todos los terrenos: salud, familia, cultura, intereses, personalidad, actitudes éticas, corporalidad y espiritualidad y, por supuesto, sexuali­dad.
   Es evidente que el conocimiento mutuo en la pareja, que se va a hacer "una sola carne que ya no separará el hombre, porque lo va a unir Dios" (Mt. 19.6), no se consigue con una sim­ple información a distancia, sino con la intimidad y la sinceridad, con el respeto, con la conciencia clara de lo que se debe o no se debe hacer. Pero la intimidad puede existir sin genitalidad, como puede haber genitalidad sin intimidad. El ejercicio sexual pleno en el noviazgo no es el mejor camino para descubrir lo que es el matrimonio.