Subculturas   
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         Son las formas marginales de pensamiento, de comportamiento y posicionamiento ante la vida y la sociedad. En sí mismo el término es una especie de falacia, pues el conjunto de personas que se marginan de la sociedad representan ordinariamente una vida ajena al cultivo de la persona en cuanto a valores radicales del hombre: orden, solidaridad, responsabilidad, trabajo, servicio social, ética, estética y espiritualidad.
   Pero es evidente que, en el abanico inmenso de formas subculturales o extraculturales, hay grupos o personas que son capaces de cultivar una forma de arte creativa, de estética original y de distinta espiritualidad tradicional.

El problema antropológico es si esas formas se pueden valorar como culturas diferentes, como pretenden los ideólogos de la contracultura. Lo único que sí es cierto es que, si la totalidad de los seis mil millones de habitantes del universo se comportaran con esos parámetros de conducta, la vida social sería inviable. Desde luego, el progreso de la humanidad no habría llegado donde hoy se halla en medicina, en tecnología, en comunicación, en las mismas artes.
    Incluso es honesto confesar en la clave religiosa y cristiana que, con actitu­des contraculturales, apenas hubieran sido posibles las grandes religiones de la tierra. Lo más que habrían nacido serían sectas, supersticiones, ritos fetichistas.
    Es indigno considerar a Jesús mismo o a las grandes figuras religiosas de la humanidad: Buda, Confucio, Mahoma, como marginados y miembros de grupos contraculturales. Basta analizar el sentido del Evangelio: orden, ley, amor, renun­cia, fidelidad, oración, penitencia, etc. para superar la más leve tentación de considerar a Jesús como uno más de los grupos "outsiders" del universo.