KERYGMA
      [242]

 
   
 


 
 

    El concepto de kerigma (en griego mensaje) se identifica con el de Evangelio, buena noticia, anuncio, mensaje de salvación. Pero el término sintético se ha impuesto en la terminología pastoral como expresión verbal de un intento teológico de superar el sentido que se ha dado desde la Edad Media a la doctrina cristiana. Se insiste en los tiempos actuales que Cristo no vino a configurar un sistema de pensamiento o una norma de vida. Vino a anunciar un mensaje de salvación.
    Por eso se desentierra el término original del Nuevo Testamento: el sus­tantivo "kerigma", que aparece 8 veces en los escritos bíblicos (otras tres aparece el equivalente "kerix"): o el verbo "kerisso" que aparece 62 veces. Sustantivo y verbo son equivalente al de "proclamación", "predicación", "anuncio" "comunicación" y "exaltación".
    Es el que se emplea cuando se dice que "Jesús comenzó a predicar y decir: Convertíos" (Mt. 4.17) o cuando decía "Es preciso que se "proclame" la Nueva Noticia a todas las naciones." (Mc. 13.10) Lo decía San Pablo cuando escribía: "Es preciso se proclame la buena noticia a todas las gentes" (1 Cor. 1.21) y es curioso constatar que nunca aparece el termino en los escritos de Juan.
    Es también el término esencial en la misión evangelizadora confiada por Jesús a sus discípulos, cuando le dijo: "Id y proclamad la Buena noticia a todas las gentes" (Mc. 16.15). "Y los Apóstoles salieron a predicar por todas las partes y el Señor cooperaba con ellos, confirmando la palabra con las señales que la acompañaban". (Mc. 16.20)
 
    1. Kerigma es vida

    En consecuencia, el concepto y el término de "kerig­ma", o de "kerigmatizar", pretende resaltar un elemento dinámico de la acción misionera de la Iglesia, por cuanto se centra en la visión comprometedora del mensaje de Jesús. En un sentido amplio se puede enten­der como configuración de una forma de pensar, de sentir y de vivir a la luz del Evangelio. Pro no tiene solo el sentido pasivo de "mensaje" que se entrega, sino el dinámico de "mensaje que se vive".
     Por eso se identifica, o asocia, el concepto de kerigma al de "misterio", al de "camino" y al de "vida". El misterio es la realidad revelada, el camino es el proceso para llegar a ella, la vida es el fruto y el resultado.
    La idea de misterio se repite con abundancia en San Juan y en S. Pablo (28 veces aparece "mysterion"). "A vosotros se os dado el conocer los "misterios" del Reino." (Mt. 13.11; Mc. 4.11; Lc. 8. 10). Porque "el Evangelio es la revelación de un misterio mantenido en secreto durante siglo eternos, pero manifestado en el presente." (Rom. 16.25). "Me fue comunicado por revelación el misterio". (Ef. 3. 3.) Y "por la palabra doy a conocer el misterio del Evangelio". (Ef. 6.19).
    La asociación a la idea de "camino" aparece más de un centenar de veces en referencia a lo que se debe seguir para hallar la salvación. Y, comparando el men­saje como un camino para la salvación, se multiplican las alusiones neotestamentarias hasta 46 veces, sobre todo en los escritos de Pablo (14 veces): "Yo perseguí de muerte este camino..." (He­ch. 24. 4) y sin embargo "yo doy culto a Dios según el Camino, que ellos llaman secta" (Hech. 24. 22)
    Misterio y camino conducen a la idea de vida. Es importante descubrir que el mismo Jesús se presenta como "verdad, camino y vida" (Jn. 14.6). Pero esa idea de vida, de que el mismo Jesús es promotor, pues se declara pan de vida, y dice que “en él se halla la vida”, se convierte en tema permanente, sobre todo en el modo de hablar de Juan: (Jn. 11.25; 6.35), esto es usando el término 132 veces, entrre las 321 que aparece "vida" ("zoe o zao" y "bios"), en el Nuevo Testamento.
    Estos datos dicen claramente lo que se puede averiguar en el concepto de "kerigma" y el modo de situarlo bíblicamente en una buena explicación cristiana.

 

   2. Kerigma confiado

   Con todo el concepto de kerigma no tiene sin más una significación de miste­rio estable y permanente, sino de mensa­je de salvación entregado a unos enviados (apostoles) para que lo hagan circular entre los hombres. La dimensión apos­tólica va asociada irresistiblemente a la entidad kerigmática, que es el mensaje, el camino y la oferta que se encierran en una buena noticia.
    Por eso el reclamo pastoral del kerigma pertenece a su propia esencia. Y las palabras "misión", "evangelización", "catequesis", "predicación", "catecumenado", "compromiso" y otras similares están asociadas a lo que kerigma significa.
    La Iglesia establece, con todo, determinados niveles de compromiso y deber en la proclamación del kerigma, desde quién lo ha recibido por voluntad directa de Jesús, como es el Primado y los Obispos, sucesores de Pedro y de los apóstoles, hasta quienes se asocian a ellos.



    La dimensión y la acción misionera en la Iglesia se hallan implicadas en la fuerza del mensaje a ella confiado por Jesús. Pero no es una simple enseñanza teórica. Es ante todo su misma realidad humana y divina. El misterio cristiano no es otro que "la persona de Jesucristo muerto y resucitado". El cristianismo no es una enseñanza salida de Jesús, sino el mismo Jesús hecho misterio de fe. El cristiano no cree "a Jesús", sino que cree "en Jesús". Es el mismo misterio del Verbo encarnado el objeto de la fe, no las enseñanzas que Jesús ofreció y comunicó a sus seguidores.
    Siempre la Iglesia lo ha entendido así. Por ejemplo, Juan Pablo II lo recordaba al decir que "la evangelización debe  contener siempre, como base, centro y a la vez culmen de su dinamismo, una clara proclamación de que en Jesucristo, se ofrece la salvación a todos los hom­bres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios" (Redent. misterium 44).
    La identidad en mensaje y persona de Cristo mana del Nuevo Testamento en­contramos que el kerigma es: "El acto de proclamar y el contenido mismo del mensaje proclamado".
    Por motivos prácticos se recuerda que el objeto directo del verbo "proclamar" o el contendido del kerigma no es otro que:  
     - el Evangelio o noticia de salvación (1 Tes. 2 .9; Gal. 2. 2; Mc. 1.14; Mt. 4.23).
     - el mismo Cristo Jesús, Palabra del Padre (1 Cor. 1.23; 2 Cor. 20.2­5).
     - el Reino de Dios o triunfo del bien sobre el mal (Lc. 8. 1; Hech. 20.25)
     - La vida, pasión, muerte y resurrección de Cristo, Dios eterno y hombre verdadero unido a Dios. (Mt. 4.23; 9.35).
   Esas cuatro expresiones se repiten en los textos evangélicos y en las cartas apostólicas. Son los modos primitivos de pensar y hablar y se mantendrán estables a lo largo de la historia cristiana. Se  dirigen persistentemente a todos los oyentes comprometiéndolos y urgiéndolos a aceptar y obrar en consecuencia.

   

 


 

 

 

   

 

  3. Kerigma e Historia

   A lo largo de los siglos los seguidores de Jesús han seguido empleando los mismos esquemas mentales. Son esquemas kerigmáticos
    - El kerigma se encuentra ya presente en la vida terrena del Salvador: Proclama el Reino de Dios. Envía a proclamar a sus seguidores. Anuncia que se quedará con ellos hasta el final.
    - Pero la vida del kerigma, su fuerza, se prolonga en la vida y en el trabajo de los Apóstoles y de toda la comunidad cristiana extendida por el universo. Hay una misteriosa y vivificante sintonía en todos los lugares y tiempos.
    - La comunidad cristiana encuentra la fuerza para actuar en la certeza de Jesús se mantiene en ella y el firme persuasión de que es Jesús el que da sentido a su acción mensajera.
   En la forma como "el kerigma" es pre­sentado en el Nuevo Testamento contiene: "un esquemático compendio de la vida, muerte y exaltación de cristo": Es la Historia de la salvación en su fase de cumplimiento; del mismo modo, que las Historia del Pueblo elegido era la fase de anuncio y esperanza.
    Existe en el cristianismo, pues, un componente histórico, que es decisivo en la evangelización, en la celebración, en la formación de las conciencias y en la promoción de las experiencias de vida.
   Cristo se insertó en la historia por la encarnación y sigue en ella por la fe de sus seguidores. Encarnación, evangeliza­ción, pasión y muerte, redención, resurrección, exaltación son los jalones o niveles del kerigma. Incluso, el último acto no cumplido todavía, la parusía y la venida ultima del Señor, son kerigma porvenir, no anamnesis del pasado o epiclesis del presente.
   Por ello, los mensajeros de todos los tiempos hacen del kerigma el eje de su acción, de la proclamación que realizan. Y esa proclamación se centra en núcleos y estructuras básicas:
    - El Reino de Dios sigue vivo por que nunca se realiza del todo en el mundo.
    - El Evangelio es oferta, no sólo Historia, no Teología y menos Filosofía ética.
    - Cristo sigue vivo y resucitado y es el alma del Kerigma y centro del anuncio.
    - La Palabra de Dios es vida para la persona, no sólo doctrina para la mente.
    - El kerigma sigue vivo por el Espíritu que el mismo Cristo ha enviado.
    - El mensajero es mediador no inventor y su primera virtud de la fidelidad.
    - El kerigma es para la Iglesia su razón de ser y el fin de su vida y actividad.

    4. Las formas del kerigma

   El kerigma tiene unos rasgos bien definidos:
       - Es un relato de la presencia de Dios en medio de los hombres. Es reflejo de la revelación cuyo núcleo se encuentra en el misterio pascual y cuyos ropajes son todos los actos providenciales que Dios ha querido protagonizar: decreto d salvación, elección de un pueblo, mensajeros que anunciaron esperanza, cumplimiento de las promesas, permanencia en el mundo, referencia escatológica.
        - Presupone la Palabra de Dios (Dios habla al hombre) y supone la Escritura Sagrada (Dios ha inspirado textos escritos de referencia).
        - La salvación, la redención, el perdón, la justificación, la amistad divina recuperada, son manera de expresar la acción salvífica de Dios para con los hombres.
        - Sin la referencia trinitaria, sin el prota­gonismo del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, no se entiende el kerigma cristia­no. En esa referencia trinitaria está lo más incomprensible o lo más misterioso del kerigma cristiano.
        - Por eso, el kerigma reclama una presentación global y unitaria, trinitaria. Es el protagonismo divino el que exige evitar polarización. Los espiritualismos reducidos a espiritismos, la cristología reducida a antropología, o los afanes bíblicos que no superan la arqueología, incapacitan para entender el kerigma cristiano. La acción salvífica de Dios en el pasado, presente y futuro necesitan lo histórico y lo humano, pero no se reduce a ello. Sigue alentando en ella el misterio de la misericordia y la realidad de su trascendencia suprema.

    5. Catequesis kerigmática

   La que se apoya en una visión viven­cial del mensaje cristiano (kerigma) y trata de superar la simple presentación de la doctrina (dogma)

    1. La teología kerigmática

    El hecho de que determinadas corrien­tes teológicas y pastorales recientes hayan resucitado de nuevo los afanes patrísticos de dar la primacía al kerigma sobre la filosofía religiosa es un beneficio para entender mejor lo que el kerigma implica en la Iglesia. Como corriente con este nombre, nacía hacia 1940 con teólo­gos como A. Jungmann, F. Arnold, K. Ranner, M. Schmauss y otros.
    Pero no hay que exagerar su importancia o su influencia, pues el mismo men­saje cristiano llevó siempre implícito esa energía vital de lo kerigmático y cierto temor a exagerar lo sociológico, lo semántico y lo antropológico. La Historia es testigo de todas las inquietudes kerig­máticas que se han hecho presentes en diversos momentos y lugares del caminar eclesial terreno.
    La teología kerigmática resaltó el valor de los dones del Espíritu sobre las reflexiones de los teólogos académicos. Ensalzó los discursos de los grandes pen­sadores cristianos. Fue propensa a dar la primacía a la vida cristiana sobre la brillantez de los documentos gráficos.
    Sobre todo valoró el sentido del Evangelio como fuente permanente de vida, de caridad y de fe, recordando su inmutabilidad y fuerza.

   Trató de superar el gusto por buscar novedades, terminologías originales y los afanes especulativos sobre los vitales.

   5.2. Catequesis kerigmática

    En consecuencia con la Teología kerigmática, también se difundió en tiempos recientes una preferencia catequística que se autodenominó kerigmática, como si toda catequesis auténtica no hubiera sido siempre cauce y medio para ofrecer el mensaje de la salvación.
    Esa catequesis, con todo, ofreció y ofrece todavía, ciertos valores de actualización que pueden quedar condensados en rasgos como los siguientes:
      - La catequesis kerigmática supone claridad, plenitud y vitalidad del mensaje y no debe ser denominada tal una simple animación afectiva de la dimensión moral o espiritual del cristianismo a costa del olvido de la formación sistemática de la mente y de la voluntad, para dar la primacía a la afectividad.
      - No hay predicación kerigmática (proclamación) atemporal ni utópica aunque siempre sea escatológica. Es necesario usar las formas y los lenguajes de cada lugar y de cada tiempo, pero recordando que el mensaje no debe ser confundido con el lenguaje que hace de soporte y menos con el bagaje o montaje pedagógico o social que sirve de estímulo o apoyo. Sólo la buena formación evangéli­ca asegura la labor formativa consistente.   

- El catequista, en cuanto ministro de la Palabra y enviado de la Iglesia, debe tener un conocimiento serio, realista y objetivo del hombre de hoy y de su entorno social. Anunciar el kerigma no es persuadir y polemizar, sino sugerir, invitar y ofrecer respuestas clarificadoras, liberadoras y alentadoras ante los interrogan­tes humanos. Educador de la fe no es el que plantea interrogantes, sino el que ayuda a resolverlos y formula pistas de esperanza según el Evangelio. Por eso la catequesis kerigmática se halla tan lejos de la llamada catequesis política, que pone el centro de atención en el hom­bre y usa lo divino como instrumento.
     - La catequesis kerigmática trata de llevar la atención del catequizando a los grandes temas de la fe cristiana: el amor de Dios, la Providencia, la caridad, la fidelidad a la conciencia, el sentido de Iglesia, el amor a Jesús salvador, la confianza en el Espíritu Santo.
     - El testimonio de vida del catequista es su principal lenguaje ante un mensaje o kerigma que habla de amor, de paz, de fe, de solidaridad. Es una catequesis positiva en donde la comunicación de la persona se halla por encima de todo afán de proselitismo o cristianización sociológica
.